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Se puso en marcha el cuarto Dakar consecutivo para Augusto Sanz

A sus 29 años, el navegante oriundo de Parada Robles vuelve a la butaca derecha para compartir experiencia con Puck Klaasen, con un trajinar en sus hombros que lo lleva a tener expectativas altas en la categoría Challenger.

Para Augusto Sanz, el Rally Dakar ya dejó de ser una experiencia extraordinaria para transformarse en un desafío recurrente del que no se quiere bajar nunca. El navegante de Parada Robles afronta su cuarta participación consecutiva en la carrera más exigente del mundo, consolidado como una pieza confiable dentro del exigente universo del rally raid y con la madurez que solo otorgan los kilómetros recorridos en competencia.

A sus 29 años, Sanz vuelve a ocupar la butaca derecha, ese lugar clave donde se toman decisiones que muchas veces definen el resultado final. En esta edición integra el G Rally Team, atendido por KTM X-Bow, junto a la sudafricana Puck Klaasen, una piloto que continúa en pleno crecimiento dentro de la categoría Challenger y con la que se conoce muy bien tras haber compartido vehículo asiduamente en distintas competencias a lo largo del año. El binomio llega con expectativas altas, en una divisional que tendrá, entre otros protagonistas, a los campeones defensores Nicolás Cavigliasso y Valentina Pertegarini.

Como en cada Dakar, los días previos sirven para ajustar detalles. En Yanbú se llevó a cabo el shakedown, la prueba previa que permite verificar el estado del vehículo y comenzar a entrar en ritmo. Allí, Sanz volvió a mostrarse en su hábitat natural, cumpliendo una función que conoce en profundidad y que con los años fue perfeccionando: interpretar el recorrido y anticiparse a cada situación.

El trabajo se basa en el control preciso de los waypoints, puntos de paso obligatorios cuya validación es clave para evitar penalizaciones. “El de la principal tiene que estar en blanco y a medida que vas validando se va poniendo en negro. Entonces, yo voy chequeando si validé el waypoint o no para asegurarme”, explicó en diálogo con Infobae.

La experiencia también se refleja en la capacidad de corregir errores. El sistema permite retroceder notas, ajustar el odómetro o incluso reiniciar parcialmente la hoja de ruta para volver a pasar un punto omitido, maniobras que exigen serenidad y claridad mental en pleno desierto.

“Los navegantes somos los ojos del piloto”, resume Sanz, una frase que sintetiza un rol que va mucho más allá de leer indicaciones. Su recorrido en el Dakar respalda esa definición; debutó en 2023 junto al portugués Ricardo Porem con un 12º puesto, mejoró al octavo lugar en 2024 y en 2025 fue 36º con el qatarí Ahmed Fahad Al Kuwari. En esta edición, el vínculo con Klaasen ya llega con rodaje previo y resultados, como el podio conseguido en el Rally de Marruecos.

La función del navegante también incluye conocimientos mecánicos. Ambos integrantes del binomio conocen el auto, transportan repuestos y cuentan con herramientas identificadas por colores para agilizar reparaciones según la zona afectada. Resolver problemas rápido puede marcar la diferencia entre seguir en carrera o abandonar.

Para Augusto, la navegación implica leer, comunicar, asistir, decidir y, sobre todo, mantener la calma en situaciones límite. “En un accidente, cuando nos perdemos o cuando hay un error, hay que estar frío y transmitir tranquilidad”, explicó sobre uno de los aspectos más complejos del rol.

Ayer comenzó la 48ª edición del Rally Dakar, con el prólogo en Yanbú y un recorrido total de 7.906 kilómetros cronometrados. Una vez más, Augusto Sanz volverá a representar a la región en la carrera más extrema del planeta, reafirmando un camino que ya no es promesa, sino presente sostenido en el tiempo.

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