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A 50 años de su secuestro, la memoria de Norberto Torres sigue presente en Los Cardales

Tenía 17 años cuando un grupo de hombres uniformados irrumpió en su casa durante la madrugada del 10 de agosto de 1976 y se lo llevó. Décadas después, la memoria de Norberto Torres fue recuperada por estudiantes, docentes, familiares y vecinos.

Este lunes, se cumplieron 50 años del secuestro y desaparición forzada de Norberto Adolfo Torres, un joven de Los Cardales cuya historia permaneció durante décadas atravesada por el silencio. Tenía apenas 17 años cuando, durante la madrugada del 10 de agosto de 1976, un grupo de hombres uniformados llegó hasta la vivienda familiar de la calle Buenos Aires 350.

Allí redujeron a su padre, lo maniataron y lo encerraron dentro de un armario. Norberto había buscado refugio en el sótano de la casa, pero finalmente fue encontrado y llevado por la fuerza. Desde entonces, nada más se supo de él.

Durante muchos años, el caso permaneció prácticamente fuera de la memoria pública de Exaltación de la Cruz. La idea de que en un pueblo pequeño como Los Cardales “no había ocurrido nada” contribuyó a mantener la desaparición en un segundo plano. Sin embargo, con el paso del tiempo, distintas investigaciones comenzaron a reconstruir aquella historia y a recuperar la figura del adolescente que había sido víctima del terrorismo de Estado.

Norberto había nacido el 1º de julio de 1959, hijo de Tomasa Sosa y Héctor Adolfo Torres. Luego de la separación de sus padres pasó parte de su infancia junto a sus tíos en San Fernando, antes de regresar a Los Cardales. Allí vivió junto a su padre y Lidia Heluane, quien después de su desaparición emprendió una búsqueda que, según recuerdan quienes conocieron la historia, la llevó a buscarlo hasta debajo de las baldosas.

Sus compañeros lo recuerdan como un joven reservado, aunque dueño de un particular sentido del humor. Estudiaba en el Instituto José Manuel Estrada de Capilla del Señor, adonde llegaba todos los días en tren desde Los Cardales. La música y la poesía formaban parte de su vida: tocaba la guitarra y disfrutaba interpretar canciones de Sui Generis y Los Jaivas. También seguía con atención las discusiones y problemáticas sociales de aquellos años.

En 1976, esas inquietudes comenzaron a expresarse también en su militancia dentro de la Juventud Guevarista, vinculada al PRT. Allí compartió espacios con otros jóvenes de su generación, entre ellos Carlos Daniel Souto, estudiante del mismo instituto, quien también fue secuestrado el 10 de agosto, aunque en la estación de Garín.

La recuperación de su historia tuvo un punto de inflexión en 2003, cuando alumnos de la Escuela de Educación Secundaria N°1 de Los Cardales trabajaron sobre su caso dentro del programa Jóvenes y Memoria. El resultado fue el documental “La memoria no desaparece”, una investigación que permitió poner nuevamente en circulación una historia que durante años había quedado relegada.

A partir de entonces, distintas iniciativas fueron consolidando su presencia en la memoria colectiva. En 2012, estudiantes recuperaron los videos realizados en aquella primera investigación escolar. Cinco años después se colocó una Baldosa por la Memoria junto a la estación de Los Cardales, precisamente en uno de los lugares vinculados a la vida cotidiana de Norberto.

Su nombre también fue adoptado por una organización que reúne a centros de estudiantes secundarios del distrito. En 2020, Exaltación de la Cruz creó por primera vez un Área de Derechos Humanos destinada a promover políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Al año siguiente, una placa fue instalada en el andén de la estación donde Torres esperaba cada mañana el tren para concurrir a la escuela.

A esas iniciativas, se sumó la creación de la Distinción Norberto Torres por parte del Honorable Concejo Deliberante, destinada a reconocer el compromiso con los derechos humanos. El reconocimiento alcanzó, entre otros, al músico León Gieco, al fiscal Pablo Parenti y a docentes que fueron parte de las primeras investigaciones sobre el caso.

A 50 años de aquella madrugada, la historia de Norberto Torres ya no permanece encerrada en el silencio. Su nombre forma parte de las calles, las escuelas, la estación y las instituciones de Los Cardales. Sobre todo, permanece en una comunidad que durante mucho tiempo pareció no encontrar palabras para contar lo ocurrido y que, con el trabajo de nuevas generaciones, comenzó finalmente a reconstruir su propia memoria.

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