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El tema no importa

Por Un León en el Pantano

Querido lector, si usted todavía cree que la política se trata de ideas, le pido por favor que

deje de leer, se prepare un mate y se ponga a ver un documental sobre la migración del salmón. Ahí hay más coherencia. Acá, en cambio, tenemos la «Politrampa», una disciplina olímpica que se practica con especial fervor en el gimnasio de Exaltación de la Cruz.

La Ética del Espejo Retrovisor, Usted conoce el discurso nacional. El oficialismo se desgañita pidiendo institucionalidad, quorum y presupuestos. Dicen que el que no vota es un «obstruccionista» que odia el progreso. Es un guion de hierro, digno de una serie donde los buenos son muy buenos y los malos tienen cara de haber perdido el tren en 1945.

Pero la maravilla de nuestro país es que el guion cambia según el código postal. Al cruzar el peaje de la Panamericana, la lógica entra en un agujero negro. En Exaltación, los que en la tele te hablan de «reglas claras», acá juegan al Gran Bonete.

El director de orquesta en el pago chico es una versión local de Isidoro Cañones. Usted lo conoce: pinta de ganador, experto en el «veremos», siempre con una jugada bajo la manga que, casualmente, nunca implica sentarse a laburar en serio. Es el playboy de la banca, el hombre que confunde el recinto del Concejo con el VIP de una discoteca donde solo se entra si te conviene la música.

Isidoro, claro, no está solo. Lo sigue su más fiel discípula, una suerte de escudera de la abstención que le cuida las espaldas mientras ambos perfeccionan el arte de no estar. Porque para esta dupla, el quorum no es un deber civil, es una moneda de cambio. Si hay presupuesto, se lo mira como si fuera un jeroglífico egipcio; si hay que sesionar, de golpe les agarra una «descompensación de agenda» que los obliga a quedarse en casa viendo series.

El León que no encaja. Y en medio de este desquicio aparezco yo. Imagínense la situación: mi corazón y mi boleta están con el Presidente -ese señor que anda con la motosierra y la batalla cultural a cuestas- pero acá, por una cuestión de geografía política, me toca ser oposición.

Y acá viene lo lindo. Cuando decido ser coherente con lo que predicamos a nivel nacional (eso de que la política no tiene que ser una trampa constante, de que hay que dejar gobernar y dar las discusiones de cara al vecino), me miran como si fuera un marciano.

Me siento un poco como el Patito Feo del cuento. ¿Vieron que al principio todos lo picotean porque no se parece al resto? Bueno, a mí me pasa igual. Mis propios «colegas» de trinchera opositora me acusan de «vendido» al oficialismo local solo porque me niego a jugar a la politrampa de Isidoro.

Para ellos, si no ponés el palo en la rueda, sos un traidor. No entienden que uno puede ser oposición sin ser un obstructor serial.

Peces de Tierra y Leones Empantanados. La acusación de «vendido» es el último refugio del que no tiene argumentos. Me dicen que me pasé de bando, cuando en realidad el único bando en el que estoy es el de la salud mental política.

Es una sensación extraña: me siento un león en el pantano, o un pez de tierra. Un bicho que pertenece a otro ecosistema, a uno donde la palabra vale y el trabajo se hace. Pero cuando miro a mi alrededor y veo a Isidoro haciendo guiños para vaciar el recinto y a su seguidora anotando quién falta para la foto, me doy cuenta de que los que están fuera de lugar son ellos. Ellos son los que nadan en el barro de la vieja política mientras el país pide a gritos un poquito de sentido común.

Conclusión. Al final, el Patito Feo resultó que era un cisne, pero acá en Exaltación me parece que nos vamos a quedar un rato largo en la etapa del picoteo. No importa. Prefiero que me digan «vendido» por sentarme a trabajar y ser coherente con la batalla cultural que votamos todos, que ser un «vivo» que vive de la politrampa mientras el vecino espera que alguien, alguna vez, se digne a legislar en serio.

Seguimos en la lucha. Si me buscan, estoy en mi banca. Soy el que tiene la silla apoyada en el piso y la melena un poco despeinada de tanto tratar de entender por qué, en este pueblo, la lógica siempre se queda sin quorum.

Ing. Esteban A. Lizaso

Concejal de La Libertad Avanza

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